4 de junio de 2012

Viaje a Barcelona de 1º de bachillerato


TANAUSU C. P., 1ºBACH. A

Seis días, cinco noches. Fuimos muchos sí, pero todos con una única ilusión, un único objetivo común, disfrutar de lo que tanto costó.
  • Siete de mayo de 2012:
Después de emotivas despedidas, y con la emoción a flor de piel se iniciaba algo que se haría grande, muy grande. Tras tanto tiempo de espera la cuenta atrás había llegado a su fin y varias horas de avión, nos dejan en nuestro destino, la ciudad blaugrana, la grande, la moderna, la capital catalana, Barcelona. La noche y el cansancio nos hizo caer como moscas, pero repusimos pilas, nos esperan jornadas largas, y vaya que si lo fueron.

  • Ocho de mayo de 2012: 
Tres horas de trayecto hasta los pirineos catalanes, fue lo que nos esperó en la mañana de aquel ocho de mayo, sin embargo se vieron compensados con la estancia que allí nos deparaban, un hotel rodeado de ríos, y con una comida, Dios que comida, atónitos nos quedamos al probarla, y repetir, y algunos más de dos veces. Y al llegar la tarde se empezaban a oír los primeros:  "Cecilia, ¿Y ahora qué vamos a hacer?", "Tere, ¿Queda mucho para llegar?", nos esperaba una caminata, y de aburrida y cansada no tuvo nada, conocimos los Pirineos de primera mano, donde las fotos se disparaban por montones, un lago helado, nieve, ardillas, cazones, grandes abetos, y un sinfín de elementos que contribuían a la creación de un paraje de belleza inigualable. 
Y hay que destacar que nuestro guía José Luis incluso nos felicitó por el amplio conocimiento de los alumnos sobre botánica, fauna, y diversos elementos paisajísticos, elevando como no el listón del san Benito hasta un punto muy alto. Transcurrido todo ello la noche caía, y descubrimos la discoteca del hotel, quizás no fuera lo mejor del mundo, pero los del San Benito supimos darle ese toque que anima cualquier fiesta, esos movimientos que alegran a cualquiera.

  • Nueve de mayo de 2012:
El tercer día se presentaba con el temor hacia las nuevas experiencias, la impresión de los rápidos del río que durante nuestra estancia habíamos podido observar nos había echado un poco hacia a atrás a la hora de atrevernos a realizar el rafting, sin embargo una vez dentro de nuestras canoas a la deriva del río, disfrutamos como peques con su juego favorito, muchos disfrutamos incluso de un baño el las gélidas aguas y los hay que por poco no regresan a su embarcación, el trayecto se nos hizo pequeño, muy pequeño, y con la adrenalina de la nueva actividad en el cuerpo regresamos al hotel donde nos esperaban sus grandes manjares. En la tarde ansiosos Pepo, Bambi, Llum, Truek, y otros tantos caballos nos esperaban para un nuevo paseo por los parajes pirenaicos, que en el segundo grupo más experto en la doma de caballos, fue aún más intenso si se podía, con un paso más que ligero. Enamorados de la experiencia con los caballos, incomparable por lástima a cualquier otra de semejanza que se pueda realizar en la isla, partimos hacia la multiaventura, lo que en un principio parecía un juego de niños acabó siendo un contaste barullo de gritos de miedo y risas por los que pasaban por el, una tirolina a la que todas andábamos atentos para poder disfrutar de las caras de aquellos que por ella se lanzaban, y luego el tiro con arco, donde los más pavitos no dieron una, y las sorprendentes Cecilia y Rebeca las dieron casi todas al centro. Llegados de nuevo al hotel tocaba de nuevo discoteca, algunos decidieron dormir, pero los otros, aprovechamos la soledad de la sala para poder disfrutar a antojo con nuestros propios dj’s pinchando la música.
  • Diez de mayo de 2012:
Nos tocaba la vuelta, el regreso a la ciudad, pero antes y tras otro largo trayecto, a lo que por cierto incluso nos llegamos a acostumbrar con nuestro alma de la fiesta particular, Yasmina, que alegra la guagua con unas fuerzas y ganas difícilmente descriptibles, pero antes Montserrat, iniciamos con ello la parte más religiosa, uno de los objetivos del viaje, la zona se caracteriza por una serie de montañas rocosas cuyas cumbres se ven salpicadas por monasterios varios, entre ellos el destacado de “San Benito”, y en una de las laderas la basílica de nuestra señora de Montserrat, un templo de importantísimo valor artístico rodeado de un pueblo comercial que respeta el valor estilístico de el lugar y en cuyas plazas tomamos un picnic y realizamos diversas compras de recuerdos para la familia. 
De vuelta ya en la ciudad condal, visitamos la Sagrada Familia, la escrita con mayúsculas GRAN CATEDRAL, absolutamente cada uno de nosotros quedamos patidifusos con el interior de la basílica, y sus impresionantes formas dónde Gaudí procuró reflejar de la forma más fielmente posible la propia naturaleza, y cuya figura la del arquitecto a más de uno nos dejó maravillados. Era ya tarde cuando regresamos al hotel y por fin podíamos descansar para, al día siguiente disfrutar de la experiencia que más esperábamos.
  • Once de mayo de 2012:
Alucinante, la palabra que mejor resume aquel día, amanecimos con las pilas recargadas y todos juntos nos adentramos en la mayor aventura de nuestro viaje, iniciamos el paso por el parque montando en una atracción corta, pero que la adrenalina nos puso a flor de piel, a trescientos kilómetros horas en apenas unos segundo y en el momento que menos esperábamos, pero no fue lo único que experimentamos, subimos en la práctica totalidad de atracciones en las que pudimos hacerlo, entre ellos la caída libre, que además de tener una vista desde esta de Tarragona espectacular sientes en un par de segundos que estás en otro lugar, y disfrutamos además de espectáculos dónde reímos con las nuestras propias intervenciones en por ejemplo los bailes típicos de los chicos en Polynesia. Y también volvimos a la gloria culinaria con la comida mexicana, aunque por pena para todos y sobretodo para Cecilia que disfrutó como una enana, la montaña rusa más grande de Europa se estrenaría justo al día siguiente y no pudimos probarla, una gran desilusión al verla tan cerca y a la vez tan lejos, y hablando de ver, lo que es digno de ver es como no, la amplia galería fotográfica que Tere tenía ya por esos momentos de nosotros, no quedaba momento que no inmortalizara con su cámara fotográfica. Al final al dejar el parque nos quedamos con ganas de más, pero eso si cundimos el tiempo de mejor manera imposible. Cerrada la noche y tras la cena, nos dispusimos en nuestra última nocturnidad juntos a reunirnos en el jardín del hotel para tener una charla grupal, dónde compartimos nuestras experiencias, y descubrimos que habíamos aprendido un nuevo valor, el de abrir nuestro círculo de amistades, descubrimos que el viaje no solo nos había ayudado a pasarlo bien con nuestros amigos sino a descubrir a otros nuevos que muchas veces tropezabas por los pasillos y ni siquiera conocías, se propuso en esta reunión que cada uno dijera algo con lo que se quedara del viaje un momento, una acción, un lugar,… Y yo si ahora tuviera que volver a hacerlo diría que me quedo con este, con este momento, en el que nos dimos cuenta de muchas cosas que a veces a simple vista no somos capaces de apreciar.
  • Doce de mayo de 2012:
Último día, pero no por ello menos importante. El Camp Nou otra de las experiencias inolvidables de viaje, sobre todo para aquellos fogosos del equipo blaugrana, al principio algunos estuvieron a punto de no entrar debido a sus camisas merengues pero solo un pequeño susto de las chicas que recogen las entradas, ya dentro el estadio se abrió ante nosotros, y en una palabra, espectacular, rápido tuvimos que dejar el estadio, para pena de todos, para visitar el monumento de colón, ver el inicio de las ramblas y adentrarnos en el puerto marítimo de la ciudad, dónde descubrimos un amplio centro comercial, para nuestras deseadas compras, si compras, muchas compras, y tras ellas el buffet final, menú mediterráneo, y demás diversas comidas continentales que dejaron nuestra voraz hambre más que saciada. Tras todo ello, llegó la vuelta, Tenerife nos aguardaba, nuestras familias y amigos nos esperaban ansiosos de escuchar cada una de nuestras anécdotas, de vernos, tocarnos y abrazarnos, de tenernos de nuevo junto a ellos, tras habernos echado de menos, sin embargo en los días siguientes seríamos nosotros los que añoraríamos las largas noches de tertulias, las canciones de la guagua, limpiar el agua de las duchas o simplemente ver la cara de todos esos que fuimos al viaje cada mañana, y deseando una cosa, que esto se repita, porque fue INOLVIDABLE, en nuestra mente para el resto de nuestras vidas, una experiencia que poder contar a nuestros hijos, y a los hijos de estos.

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