26 de febrero de 2012

Sueños: Capítulo 4



ESTELA G.P., 3º ESO
 B

Para consuelo de Estela, su recuperación no fue tan dolorosa como se imaginaba. Le costaba actuar con normalidad y optimismo y siempre parecía que su ser se escondía de una forma defensiva, para que no vieran su desesperación por poder recuperarse mas rápidamente.
No volvió a viajar al Mundo de los Sueños y durante su recuperación no vio más a Gannel. La imagen del búho en el hospital le daba fuerza para resistir su recuperación. Recordaba cada palabra de ánimo del animal y se sentía fuerte cuando pensaba en todo lo que podría ocurrir en un futuro; encontrarse otra vez en la cueva, en el monte Amanecor del Mundo de los Sueños, oír el aullido de animales extraños, volver a viajar al mundo donde todo era posible.


Las clases empezaron y todos sus compañeros se enteraron de su desafortunado accidente. Solo habían pasado tres meses desde el accidente, y Estela se había unido mucho a su familia, y en algún momento olvidó todo recuerdo que no perteneciera a la relación que mantenía con sus seres queridos.

Un día, después de regresar de su nuevo reto, se sentó con mucho cuidado en una silla, frente a su escritorio y cogió un folio. Sus hermanas entraron en la habitación. Estela elevó la cabeza para mirarlas. El silencio se rompió cuando Ariadna dijo׃

-Mama dice que dentro de poco podrás volver al instituto para seguir con las clases.

-¿Cuándo te ha dicho tal cosa?- preguntó Estela.


-Hoy mismo, tu médico ha llamado y le ha dicho que la próxima semana podrás ir a clase.

-Todos nuestros compañeros están deseando verte. – con una sonrisa en la cara, Rebeca prosiguió – Todos los días me preguntan por ti y te mandan saludos.

-No necesito que sientan lastima de mi – susurró Estela

-¿Por qué te comportas así? – comentó Rebeca

Su melliza levantó la cabeza. La tristeza se reflejaba en su rostro.

-Ya hemos sufrido todos bastante, y he recibido demasiado de todos. ¡Solo es una pierna escayolada!, dentro de poco me recuperaré y a ninguno de nuestros compañeros les importaré más. – toda su frustración desapareció al decir aquello, pero prosiguió hablando - ¡No te das cuenta!,! todo es mentira!, ¡nunca nos han demostrado que les importamos!

-¡Sí lo han hecho, pero tú no lo has querido ver! – Rebeca se quedó mirando a su hermana sin parpadear, esperando una respuesta de ella.

Estela no respondió, desvió la mirada, agachó la cabeza y miró su folio en blanco.

-¡Basta! – dijo Ariadna, que había presenciado la discusión - ¿por eso has estado triste?, porque crees que no tienes amigos.

-¿Por qué no contestas? – dijo Rebeca

-No es solo por eso – susurro Estela

-Entonces, ¿por qué es?

-Porque no sé quién soy. – su mirada estaba perdida en la pared que tenía delante.

-¿Qué?- preguntaron las dos a la vez, mientras intercambiaban miradas confusas.

Estela alzó la mirada y las observó, con el rostro sin expresión. Tragó saliva y dijo׃

-Hay algo que no sabéis, y ya no puedo ocultarlo más. – Sus hermanas estaban confusas, por lo que la chica siguió hablando – Puede que no me creáis, pero de todas formas tengo pruebas de que es verdad.

Les habló a sus hermanas del Mundo de los Sueños y de Gannel, y durante el relato ninguna interrumpió. Pasó una hora, pero para las tres era como si la historia hubiera durado unos minutos. Cuando hubo dicho la última palabra, la habitación quedó en silencio, hasta que Rebeca dijo ׃

-¿Qué medicina estas tomando? – dijo con aire burlón.

Estela frunció el ceño y cuando iba a responderle, Ariadna intervino.

-Supongamos que ese lugar existe, que todo te pasa de verdad.  ¿Cómo es que << Gannel >> no te advirtió de que venía el camión?

-No lo sé, no me lo ha dicho

- ¡No puede ser!, no puede existir un lugar así – Rebeca estaba frustrada porque su hermana no respondía a todas las preguntas con claridad.

-¡Sí que existe!, tengo pruebas de ello – su voz sonó firme y decidida.

Estiró el brazo izquierdo, desviando toda la atención de sus hermanas hacia él. Con mucho cuidado se fue quitando las telas que escondían las líneas en forma de búho. Sus hermanas tenían los ojos como platos, estaban atónitas, nunca hubieran imaginado que su hermana llevara escondiendo algo tan importante y magnifico como aquel tatuaje. Fue Ariadna la que estiró la mano y deslizó su dedo por las líneas grisáceas del brazo de su hermana.

-¿Me creéis ahora?

- ¡Sí! – dijeron a la vez.

-Pero esto es un secreto, no puede saberlo nadie, prometedme que no lo contaréis.

-Lo prometo.

-Y yo.

Una sonrisa iluminó el rostro de Estela y un escalofrio le recorrió toda la espalda.

-Pero… ¿cuándo volverás allí? – pregunto Rebeca

-En cualquier momento, nunca sé cuándo puedo estar con Gannel, ni cuándo lo volveré a ver. De todas formas si vuelvo intentaré preguntarle mas cosas y después se las contaré.

-Eso espero – dijo Ariadna – me he quedado con las ganas de saber mas sobre tu << glorioso futuro >>.

Después de decir aquello, las tres hermanas se miraron y comenzaron a reír.

No hay comentarios:

Publicar un comentario