ESTELA G. P. 3º ESO B
El día acabó, habían estado toda la jornada en la montaña, haciendo una barbacoa y jugando a diversos juegos previamente preparados por los profesores para mejorar la comunicación. Era la una de la madrugada, la madre de nuestra protagonista le dijo que dejara de ver la televisión y que se fuera a acostar. La chica miró su reloj y sonrió.
-¡Ya es la una!, ¡eso significa que… han comenzado las vacaciones! – pensó.
Estela se dirigió a su cuarto y como si su cuerpo no pudiese mantenerse en pie, se dejó caer en su cálida cama.
El sonido del agua chocando contra las rocas del muelle hizo que Estela abriera los ojos y con sus manos se los limpiara, llorosos por la arena.
-¿Dónde estoy? – se preguntó, mientras observaba la playa y buscaba algo para orientarse.
A lo lejos pudo distinguir un grupo de personas que saltaba y gritaba. Todas esas personas giraron sus cabezas en dirección a los ojos atentos de Estela. Haciendo una imponente piña, empezaron a correr hacia la chica y ella pudo ver a sus compañeros de clase.
-¡Chicos! ¿Dónde estamos, qué hago aquí? – preguntó.
-¡Tú, tú, tú...!- empezaron a decirle sus compañeros, al mismo tiempo que la señalaban y corrían hacia ella.
Sin saber cómo ni por qué, Estela se encontró rodeada y observada por sus compañeros, que seguían gritando:
-¡Tú, tú, tú...!
- ¡Dejadme, soltadme, por favor! – gritó Estela, aterrada.
Sus compañeros la cogieron por las extremidades, de tal forma que ella no se podía mover. La llevaron hasta la orilla y cuando llegaron allí, se pararon, miraron alrededor y empezaron a correr hacia el interior del mar, con su prisionera, que no podía parar de gritar y retorcerse con la esperanza de poder soltarse.
Cuando la superficie marina dejó de verse bajo sus pies, Estela notó cómo sus extremidades se podían mover y cómo estaban bajo la corriente. Intentó respirar de una forma tranquila, pero no obtuvo resultado; sus compañeros empezaron a hundirla, la sumergían en el mar, sin dejarla respirar. Ella intentaba escabullirse de todos aquellos cuerpos que no la dejaban coger aire, pero era imposible, las burbujas cubrían su rostro y se estresaba muy deprisa. El pánico la invadió al notar que no le quedaba mucho oxígeno en los pulmones. A punto de desmayarse, vio y oyó las risas de sus compañeros. Su mente se iba, no sentía dolor y, de pronto, todo se tornó negro; su mente había desaparecido.
Se incorporó rápidamente, estaba encharcada en sudor y respiraba agitadamente. Miró a su alrededor, estaba oscuro, encontró su linterna, la encendió y alumbró con ella la habitación. Sus hermanas estaban dormidas. Se sintió segura, intentó olvidar aquella pesadilla, las miradas de sus compañeros, las risas, su muerte bajo el mar… Todo había sido tan real…
-¿Cómo es posible que siempre me pase esto? ¿Por qué sueño estas cosas?- se dijo, con la intención de hallar una respuesta.
Se acostó, cerró los ojos y cuando se encontraba profundamente dormida, el despertador sonó, haciendo un ruido insoportable. Era la hora de levantarse. Se puso en pie y notó que olía a agua salada. Se llevó su mano a la nariz para oler su piel y, efectivamente, olía a agua salada…
Cada vez me gusta más... Estoy deseando leer el segundo capítulo :)
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