13 de enero de 2012

Sueños: Capítulo 2

Estela G.P 3 ESO B 13 de Enero de 2012
Ha pasado una semana desde que Estela tuvo la pesadilla más terrorífica de su vida. Las imágenes del fondo marino y las risas la han estado atormentando y se pregunta cómo pudo mojarse con agua salada. Todo da vueltas en su cabeza, ideas, miedos… y una pizca de curiosidad rondan por su mente confusa.
—¡Eh, Estela! ¡Despierta o no llegaremos nunca!, ¡date prisa y coge tus cosas! —dice su madre haciendo un chasquido de dedos.
—¡Eh, ah, sí!, ¡ya voy! —contesta la chica, dejando atrás su propio mundo de fantasía.
Ese día toda la familia de Estela iba de excursión al monte Amanecor. Deciden parar en un descampado. Los adultos se encargan de sacar la comida, mientras los primos de la chica juegan por el monte y toman a Rebeca y Ariadna como rehenes en su juego de indios y vaqueros.
—¡Todos los indios y vaqueros! Dejen sus hazañas para después y vengan a comer. —Pregonó la abuela Toni.
—¡Sí! – respondieron todos los soldados.


Durante la comida toda la familia contaba hechos curiosos que le habían pasado recientemente. Fue un momento muy agradable para todos, reían y daban palmas de alegría. Estela trataba de estar atenta a la conversación de sus parientes pero…, era imposible, su mente estaba en otro lugar, intentaba disimular y se reía forzadamente cuando los demás lo hacían, pero… ella no estaba allí.
—Todos hemos contado algo que nos ha pasado últimamente, pero falta Estela; dinos, ¿te ha pasado algo en estos días? – preguntó su tío Marcus.
—No, no me ha pasado nada, —intentó escabullirse de la situación—, si me hubiera pasado algo ya lo habría contado.
—No, si no quisieras que nadie lo supiera —intervino su prima Lara.
Estela no respondió a su prima. Conocía sus intenciones. Bajó la mirada y empezó a contar las piedrecitas del suelo. Por un momento reinó el silencio en el lugar. De repente la abuela dijo:
—¿Quién quiere postre?
—¡Yo, yo, yo! – se oyó decir a los niños.
Después de comer, algunos de los adultos se echaron en el suelo y se durmieron, otros fumaban y las madres y abuelas, como ya era costumbre, recogieron los platos y los vasos.
—¿Qué te pasa, prima, hoy no quieres jugar conmigo? —susurró el pequeño Omar al oído de Estela.
—Solo estoy cansada, después juego contigo.
Los ojos se iban cerrando lentamente, sus oídos también parecían adormecerse y todo su cuerpo se iba relajando de tal forma, que parecía que estaba flotando en el aire. El prado, el canto de los pájaros y la melodía de la brisa la invadieron. Era como estar en el paraíso.
Un crujido exterior hizo que abriera los ojos, la luz de la luna lo bañaba todo, de tal manera que en el interior de la maleza casi no se podía ver nada.
—¡Oh, no!, ¿ya ha oscurecido?, me he quedado dormida. —El miedo y la desesperación se apoderaron de ella.
Se levantó de un salto y dio una vuelta sobre sí misma para comprobar que estaba en el monte Amanecor, en el mismo sitio en el que se encontraba cuando hablaba con Omar, justo antes de dormirse.
—¡No, no, no! ¡No puede ser posible, no me puede estar ocurriendo otra vez! ¡Despierta, despierta! ¡Es solo un sueño, es solo un sueño…!
El ulular de un búho hizo que dejara de hablar y dándose la vuelta muy despacio, fijó su mirada en los ojos del búho. La fascinación y admiración por la majestuosa mirada de aquel animal, logró que se creara una conexión entre ellos.
—Será mejor que no te quedes aquí, hay animales peligrosos por los alrededores. – La extraña voz penetró en los oídos de Estela.
—¿Quién eres? ¿Dónde estas?
—Estoy más cerca de lo que crees.
Por mucho que miraba, Estela no veía a nadie con el que identificar la voz.
—Levanta la cabeza y mírame.
Así lo hizo, pero lo único que vio fue al búho posado en la rama del árbol.
—¿Ya me ves? – preguntó la voz.
Estela estaba fascinada, el búho de la rama era el portador de aquella voz grave y penetrante.
—¿Eres tú el que ha hablado? – preguntó apuntando al animal con su mirada— Si es así, si de verdad eres tú, levanta la pata izquierda y con ella señálame.
El búho ladeó la cabeza y luego levantó su pata izquierda y, con ella, apuntó a la chica, tal como ella le había pedido.
—¿Cómo es posible que puedas hablar?
De repente su voz se vio interrumpida por el aullido de un lobo.
—Rápido, sígueme, sígueme o no vivirás para impresionarte más.
El búho levantó el vuelo y empezó a entrar en la espesura del bosque; planeaba bajo, para que Estela pudiera ver dónde se encontraba.
—Esto es un sueño, no puede ser real… ¡Ah!- gritó la chica al rasgarse la piel con una planta espinosa.
—Sique corriendo, Estela, no te detengas o te atraparán – advirtió el ave.
El ruido de lobos persiguiendo a su presa fue descendiendo a medida que las presas se iban alejando. Entraron en una cueva que se encontraba en una pechada.
—Tranquila, ya estás a salvo – le dijo el búho a Estela intentando calmarla. —¿Te has hecho daño?
—No, estoy bien
—Enséñame el brazo.
La chica dudó, pero acabó estirando el brazo hacia el animal. Los ojos del búho empezaron a iluminarse y su pelaje se tornó dorado. Se acercó hacia ella y posó su pata izquierda en el brazo herido de Estela. Nada más rozar su pata con la piel blanca de su brazo, la herida empezó a cerrase hasta no dejar cicatriz alguna.
—¿Qué eres? – sus ojos atónitos miraron al majestuoso animal.
—Soy Gannel, el rey de tus sueños.
—¿El rey de mis sueños?
—Soy quien te dará la respuesta a todas tus preguntas.
—Entonces, contesta a ella.
—Estás aquí, en el mundo de los sueños, porque has sido elegida. Tu destino es encontrar la respuesta a la pregunta que más te importa.
—No sé cuál es esa pregunta.
—La que a los humanos les cuesta encontrar, su razón de vivir, su destino. Todo está relacionado con esa pregunta que puede cambiar sus vidas.
—¿Qué pregunta?
—Busca en tu interior, piensa por un momento y la encontrarás.
Durante unos minutos reinó el silencio en la cueva.
—¿Quién soy? ¿es esa la pregunta, verdad?
Gannel se acercó más a ella y le dijo:
—Eres especial, no lo olvides nunca, por muy mal que te sientas o no creas que no sirves para nada, no lo olvides, eres especial.
Una lágrima cayó por la mejilla de la chica. Gannel extendió su ala y secó con ella la lágrima de la chica y le susurró:
—No lo olvides.
Al acabar de hablar miró a la chica con sus brillantes ojos, y le hizo un guiño. De pronto, todo se tornó negro, ya no había cueva ni luna, y Gannel había desaparecido.
—¡Estela, despierta! – gritó el pequeño Omar – si no te despiertas te quedarás aquí tu sola.
La chica abrió los ojos y vio a su primo frente a ella, esperando a que se levantara.
—¿Dónde estoy? —preguntó Estela.
—Ja, ja, —rio Omar—, ¿cómo que dónde estás? ¿Es que te has ido a alguna parte? Ja, ja…
—No, solo era una broma – quiso disimular su confusión con una sonrisa.
—Vamos, Estela, acompáñame a llamar a los primos.
La chica se levantó y empezó a caminar tras su primo, sintió un picor en su muñeca y se subió la manga de la chaqueta para ver si un bicho la había picado mientras dormía, pero lo que se encontró en su muñeca no fue una picada sino una marca con forma de búho. ¡Era Gannel!, tenía dibujado al búho de un color grisáceo. Al Gannel tocarla con la pata le había marcado la piel.
Al momento lo entendió todo, su piel mojada días anteriores y la marca del búho de hoy, no eran pura coincidencia, había pasado de verdad. Sonrió y decidió que la próxima ver aprovecharía un nuevo sueño para averiguar más cosas...

1 comentario:

  1. Muy bien Estela, aciertas al darte cuenta de que nuestros sueños y nuestras reflexiones son los que nos guían en el camino de la vida. Y que realmente ambos están en el mismo sitio: nuestra mente.

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