PAULA H., 3ºESO A - 09/11/2011
| Sharbat Gula en 1984 |
El olor a muerte y el sonido de los bombardeos llevan trece años atormentándola y han arrebatado la niñez a sus rasgos.
Y lo más sobrecogedor: sus ojos, sus enormes ojos, abiertos como platos; son como dos trozos de gélido cristal destacando sobre los tonos descoloridos de su piel y sus ropas. El miedo que irradian es tan potente como un témpano de hielo que se clava en mi corazón. Es la aterradora mirada de una niña que ha visto demasiadas cosas.Bajo la escalofriante pared de desconfianza helada, apenas percibo la delicada tristeza de una niña, que tras vivir envuelta en muerte, dolor y miedo, acabará por volverse inmune a ellos.
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