CARLOS VERDUGO, LENGUA CASTELLANA Y LITERATURA - 19/11/2011Disculpen, antes de nada, la dichosa palabreja que he colocado en el título, y más cuando este artículo está dirigido (o eso pretendo) a los alumnos de mi centro de trabajo: los alumnos del IES San Benito. Efectivamente, la palabra “tácito” no es una palabra habitual, cotidiana, pero su significado es simple: “tácito” alude a lo que no hace falta decir porque todos lo sobrentienden.
Así pues, aludo a un pacto sobrentendido entre profesores y alumnos: los profesores queremos enseñar, pero queremos enseñar porque partimos de la base de que los alumnos quieren ser enseñados. Es como si los profesores dijéramos: “Yo te enseño porque sé que tú quieres aprender lo que yo te enseño”. Eso es lo que tácitamente sobrentendemos que los alumnos nos piden. O al revés: los alumnos nos dicen tácitamente: “tú me enseñas porque yo vengo aquí para aprender de ti”. De aquí viene precisamente el término “docente”, una palabra sinónima de “profesor”: docente es el que guía a alguien hacia algo, hacia la cultura, el que guía en compañía de sus alumnos, es decir, el que con-duce; pero es evidente que conduce a aquellos que se dejan conducir. No es posible de otra forma.
Así ha sido siempre: desde que las escuelas son escuelas, desde que existen profesores y alumnos, ese pacto no explicitado (explícito es lo contrario de tácito). Cuando los alumnos piden ser enseñados, el pacto se encuentra en todo su esplendor: cuanto más los alumnos le piden al profesor ser enseñados, más y mejor enseña el profesor, pues ese es su pacto y esa es su ansia: enseñar. Se produce un efecto de retroalimentación (palabra que significa ‘alimentación hacia atrás’): el profesor se entusiasma con los alumnos que le piden ser enseñados y es entonces cuando se desvive por hacer clases vivas, interesantes, motivadoras. También puede ocurrir lo contrario: que el profesor, con su manera de ensañar, sea tan motivador que los alumnos terminen por desear ser enseñados por ese profesor. Se produce, insisto, esa retroalimentación: los profesores motivan a los alumnos para que lo motiven a dar clase; o los alumnos motivan a los profesores para que los motiven a aprender.
Sin embargo, no os podéis imaginar, alumnos del IES San Benito, cuántas veces los profesores nos hemos encontrado con alumnos que no quieren ser enseñados; de hecho, hoy en día son muy abundantes: alumnos indisciplinados, que ponen todas las dificultades posibles para que no les enseñes; o alumnos gandules, que rara vez hacen la tarea y, si acaso, estudian el día antes o las horas antes del examen. Estos alumnos gritan a pleno pulmón (metafóricamente hablando) que no quieren aprender, que no les interesa; si acaso, lo único que pretender es pasar de curso, promocionar.
Porque, tristemente, no es cierta la relación aprender/aprobar y, consecuentemente, promocionar. Parece contradictorio pero es así: lo lógico es que aprobar fuera consecuencia de lo que se ha aprendido y de ello se derivase la promoción, pero ya hace muchísimo tiempo que los profesores hemos renunciado a esarelación causa/efecto: hoy en día son muchos los que promocionan cuando sus profesores sabemos a ciencia cierta que apenas han aprendido nada. Así es el sistema y a ello nos hemos adaptado. Es entonces cuando el pacto languidece, ya que el alumno no le pide al profesor que le enseñe y se produce un efecto de no retroalimentación: si el alumno no pide ser enseñado, el profesor enseña menos y con menos ganas.
Y dentro de lo que cabe, esto no es lo peor. Actualmente abunda el denominado por los profesores “alumno-mueble”: dícese del alumno que no hace absolutamente nada: no trae libro, no trae cuaderno, no hace nada en clase; por no hacer ni tan siquiera molesta. Se limita a dormitar, a mirar por la ventana o a dibujar. Es denominado así porque casi se podría decir que se mueve tan poco y hace tan poco ruido que se podría confundir fácilmente con el mobiliario de la clase, que no se mueve por sí mismo ni hace ruido si uno no los mueve. Éstos son los alumnos que rompen el citado “pacto tácito” de yo quiero enseñar/ yo quiero aprender.
Pero no se crean, los hay aún peores…
Muchas veces los alumnos critican a los profesores porque son exigentes con ellos, porque los pelean, porque se enfadan si no traen la tarea hecha o no hacen el más mínimo esfuerzo para aprobar los exámenes. Incluso a veces caen antipáticos por ese motivo: a los alumnos les desagrada que un profesor esté encima de ellos, los regañe o les exija resultados positivos. Pero no se dan cuenta de que el profesor lo hace precisamente porque se preocupa por ellos, quiere conducirlos hacia la cultura, hacia el futuro laboral que les aguarda; quiere cumplir con su pacto: que aprendan, y si no aprenden, por lo menos que aprueben. Si hay enfados y peleas, hay interés. El pacto funciona.
Mas cuando nos encontramos al alumno-mueble, ese que “pasa” ampliamente de todo, al que no le interesa lo que el profesor pueda hacer o decir, al que toda actividad motivadora “le resbala”. "El alumno-mueble es el que está pero no está: se sienta en su silla y allí permanece hasta el final de la clase sin dar muestras de existir; no tiene libro, no tiene libreta, ni bolis. Los hay que se ahorran llevar mochila." (civiliblog). Es precisamente en estos momentos cuando el docente se plantea abandonar, rendirse ante la evidencia: el alumno con su actitud le está diciendo al profesor: “no me interesas lo más mínimo, no me interesa no ya aprender, ni tan siquiera me interesa aprobar. Paso de todo y paso de ti, profesor”. Igualmente, el profesor tendría que terminar diciéndole a este alumno: “si no te interesa para nada lo que yo pueda decirte, cuando ni tan siquiera te interesa aprobar… es entonces cuando yo tampoco me intereso ya por ti; te dejo por imposible, pues si tú no te interesas lo más mínimo por mí y por mi trabajo, yo tampoco me voy a interesar lo más mínimo por ti ni por lo que sea de ti”. Eso es tácitamente lo que vendría a decir el profesor a su alumno: “paso de ti igual que tú pasas de mí”. ¿Es este es el nuevo pacto de la educación?
Por eso, alumnos del IES San Benito, no os preocupéis cuando un profesor os llame la atención por no hacer la tarea; al contrario, agradeced el interés que pone en vosotros, la preocupación que manifiesta a través del enfado, porque os está diciendo tácitamente que se interesa por vosotros, que le importáis y que le preocupa que no aprendáis. Preocupaos, en cambio, cuando, a pesar de que no estudiéis, de que no hacéis la tarea, de que no aprobáis, el profesor no os diga nada. En ese momento será cuando el pacto tácito se habrá roto.
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